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      Años 80

      Hay una invariable en la pintura de Orcajo, que consiste en su rebeldía a encerrarla en los límites geométricos, rectangulares, de la forma convencional „cuadro”. Al principio años sesenta, sus figuras querían como flotar en el espacio del cuadro, y hasta salirse de él, aparecer y desaparecer, fundirse y confundirse, transfigurarse y desfigurarse. Después en los años setenta, sus autopistas y paisajes urbanos, sus diversas estructuras, se prolongaban deliberadamente fuera y más allá del cuadro, resistiéndose a quedar encerradas en él. Y no era excepcional que luego sus pinturas ni siquiera respetaran la forma convencional del rectángulo, sino que se asiluetaran y cobraran, hacia fuera, la figura recortada de la cabeza, amenazante o, al revés, amordazada, que representaban. Ya para entonces el pintor había roto la convención del cuadro por otro camino, el de duplicarlo-díptico- y aún triplicarlo –tríptico-.

       

      Últimamente los espacios se multiplican en el interior del cuadro mismo, rompiéndolo por dentro, dividiéndolo, fragmentándolo en “paneles” o microespacios, “secuencia de espacios”, “entidades múltiples” o minicuadros dentro del cuadro, yuxtaponiendo unidades autónomas, pero dialogantes entre sí. En sus últimas creaciones, “arquitecturas” también, pero aunque figurativas, no geométricas, sino heridas y vivas, latiendo y muriendo.

       

      Del espacio se ha pasado a los espacios, del cuadro a su fragmentación y descomposición, a su “desconstrucción” y, por emplear este lenguaje, actual como su pintura, de la Modernidad a la pictórica Postmodernidad.

       

      JOSE LUIS L. ARNAGUREN

      Filósofo 1987

       

      El tema de la moderna ciudad industrial, la desolada y amenazante megalópolis, ha encontrado en Angel Orcajo su portavoz poético. ¿Quién, en efecto, no ha retenido en la memoria cualquiera de las muchas imágenes urbanas elaboradas por él, como los más potentes emblemas del marco de nuestra existencia cotidiana?. Aunque el paisaje de la gran ciudad es un asunto que se repite en la obra de Orcajo desde comienzos de los años sesenta, ahora estoy pensando, sobre todo, en los que pinta tras sufrir la influencia del Pop, en aquellos sombríos e impresionantes fragmentos urbanos, reducidos a las masas compactas de agresivas estructuras aerodinámicas, que atravesaban el espacio alzando vectores amenazantes contra el cielo. Había algo en ellos de fantástica máquina monumental flotando en el espacio, a medias entre la plataforma interplanetaria, que navega sin rumbo en un océano de silencio, y la inmensa chatarra urbana, tras un desguace atómico. En cualquier caso, lo más sobrecogedor era comprobar, al sobreponerse a esta primera impresión de alucinante ciencia ficción, que todos y cada uno de estos trozos urbanos recogidos por Orcajo podían también ser identificados como la ampliación retórica de cualquier pequeño detalle de nuestro horizonte más habitual. Ante ellos, en definitiva, nos parecía estar soñando, pero con un tipo de pesadilla que continuamente nos repetía que aquél era realmente nuestro verdadero mundo, aquello que todos los días estábamos obligados a ver.

       

      Francisco calvo Ferraller

      1983