Sobre Angel Orcajo.

EL UNIVERSO PICTÓRICO DE ÁNGEL ORCAJO

 

En la obra pictórica de Ángel Orcajo late siempre un anhelo irrefrenable de descifrar el enigma de lo existente. Su medio de indagación es el de la representación figurativa. Nunca ha tenido la tentación absoluta de lo abstracto. Desde sus primeros cuadros, de un realismo cotidiano, con una atmósfera íntima y mágica entre lo metafísico y lo surrealista, hasta sus últimas grandes composiciones, de potente y emblemático expresionismo, Ángel Orcajo ha sabido traducir al lenguaje pictórico su constan­ te búsqueda de encontrar lo que encierra la pura visualidad.

Artista apasionado y a la vez reflexivo, es un solitario, un franco tirador cuya carrera artística ha discurrido al margen de los circuitos dominantes e influyentes, lo que no le ha impedido exponer sus obras y estar atento a lo que sucedía a su alrededor. Especie de raro, que nunca ha dejado de crear fuera del espíritu de la modernidad, jamás pintó nada que fuese ajeno a su propio dictado y a sus arraigados principios ideológicos.

De temperamento tenaz y constante en sus propósitos, para Ángel Orcajo la diaria tarea de pintar es una dura batalla, una agotadora lucha a brazo partido con las formas y el color, con el fin de conseguir plasmar una imagen, plena de significaciones, de su visión del mundo tal como él lo entiende. A la representación figurativa y a su maestría en el terreno de lo puramente pictórico, siempre hay que añadir el contenido conceptual que sobrepasa lo meramente formal.

 

Ángel Orcajo, iluminado por la luz interior de su despierta mente, asombrado por todo lo que desfila ante sus ojos, busca siempre, por medio de la pintura, el salir de la oscuridad y las tinieblas en las que transcurre la existencia de los mortales. Su pintura es un modo de aclarar la realidad más honda y oculta, los arcanos del pensamiento y de la vida interior, el reflejo inquietante en nuestra alma del mundo de lo concreto de seres y objetos que constituyen el universo. Al igual que los pintores románticos de la época ilustrada, Orcajo en su obra roza adrede el terreno de la belleza y lo sublime.

 

La evolución de la pintura de Orcajo siempre ha sido una continua reflexión sobre el contenido épico del hombre frente a la naturaleza y del poder destructivo no sólo del tiempo sino también de los seres humanos, incapaces de lograr la kantiana paz perpetua. Desde el punto de vista pictórico, son notorias las distintas épocas y las diferentes fases por las que ha pasado su obra.

A partir de los años setenta, en la pintura de Orcajo se opera una ruptura con el soporte rectangular, a la vez que su iconografía pictórica se enriquece con figuras de personajes de carácter simbólico. En vez de soportes de lienzo, emplea tableros de madera, de recortados perfiles, que siguen la silueta de una figura de acentuado contorno. En lo relativo a las técnicas mixtas, para dar mayor brillantez a determinadas partes, usa esmaltes sintéticos y, junto al dibujo que subraya las formas, espolvorea el color por medio de sprays u otros procedimientos de su invención.

Pinturas de superficies lisas y relucientes, su presencia resulta sorprendente si se piensa en su anterior producción pictórica.

La evolución de la obra de Orcajo es lógica y acorde con su afán de expresar el contenido de su sentido de la realidad. En la década de los ochenta, sus cuadros, que vuelven a los formatos rectangulares, son como un estallido, una explosión de formas y colores, de una geometría fragmentada y hecha añicos. Sus composiciones, más abstractas y en diagonales, adquieren un dinamismo más marcado y evidente. El color también se acentúa y se hace chillón y adquiere tonalidades de acidas mixturas y amplias y fluidas pinceladas cursivas. Pintor más gestual y de brochazos, a partir de este período Orcajo no abandona ya una forma de elaborar el contenido del mensaje pictórico que se propone.

En sus últimas composiciones pictóricas, Orcajo anuncia repentinamente la frágil esperanza de la recuperación del mundo artístico actual a través de la belleza. Dejando atrás sus anteriores y profeticos augurios de una hecatombe final, el pintor abre una puerta a la promesa de una aurora de claros horizontes. A la visión exaltada de sus desolados paisajes de campos alucinados de cárdenas luces crepusculares y sombríos panoramas nocturnos de ruinas arquitectónicas, Orcajo templa su paleta cromática, utilizando delicadas tonalidades de suaves rosas, dulces amarillos y azules celestes. Sin duda, tras haber asistido a tantos derrumbes, delirios e irreparables pérdidas, personalmente quiere volver a su originaria inocencia estética, agarrándose a la tabla de salvación de la pintura pura. Su fe en la belleza es la que hace que, para superar el caos actual de lo pictórico, retorne a la irrebatible y originaria utopía de la creación artística, el último reducto para salvar del desastre a la humanidad.

Antonio Bonet Correa.

Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Madrid.

 

 

Con el título Belleza e Incertidumbre he realizado las últimas obras, con cuyo enunciado trato de mostrar el clima bajo el que se han producido estas.

Dos son los aspectos que en ellas se muestran: hablar de la búsqueda expresiva y poner en evidencia unos contenidos. De una parte, dejar constancia de la preocupación latente de las múltiples amenazas de diferente índole que aquejan al hombre de hoy, un aspecto que creo haber expresado, desde hace tiempo, de muy diversas formas plásticas. Y de otra, acentuar, que es lo que he hecho últimamente el territorio de mi reflexión, que se ha centrado más en la sustancia misma del ser humano.

 

 

ORCAJO

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